HOMBRES DESESTIMADOS: COMENTARIOS A LA PELÍCULA ESTIMADOS SEÑORES
Estimados señores es una película inspirada en las sufragistas colombianas, que propone una narrativa sobre lo sucedido en el marco de la lucha por el derecho al voto de las mujeres. Estos comentarios plantean afirmaciones y preguntas sobre la manera en la que se narra el hecho histórico en el filme, y sobre la necesidad de discutir los reduccionismos con los que ha sido transmitida esta historia.
Hombres desestimados: comentarios a la película Estimados señores
Estimados señores es una película inspirada en las sufragistas colombianas, que propone una narrativa sobre lo sucedido en el marco de la lucha por el derecho al voto de las mujeres. Estos comentarios plantean afirmaciones y preguntas sobre la manera en la que se narra el hecho histórico en el filme, y sobre la necesidad de discutir los reduccionismos con los que ha sido transmitida esta historia.
Estimados señores es una película inspirada en la historia de las sufragistas colombianas, que propone una narrativa sobre lo sucedido en el marco de la lucha por el derecho al voto de las mujeres cuando, es sabido, gobernó Rojas Pinilla. Julieth Restrepo, una de las actrices protagónicas de esta película, afirmó en una entrevista que le hicieron en El Espectador «que esta historia nunca ha sido contada»[1]. Podría suponerse que lo que dice es que no ha sido contada en el cine colombiano, por lo que, a propósito del sufragismo colombiano y lo que hasta ahora se ha narrado sobre él, deseo exponer algunas reflexiones sobre Estimados señores, centrándome en la propuesta narrativa del hecho político y no en los elementos cinematográficos de la producción.
En una entrevista hecha a su directora, publicada por Mutante[2], se afirma algo con lo que estoy de acuerdo, cito: «El relato dominante y que se instaló en la memoria de las colombianas fue que el general Gustavo Rojas Pinilla, el presidente de Colombia entre 1953 y 1957, trajo la televisión, construyó el aeropuerto El Dorado y “nos dio” el voto. Según eso, fuimos indiferentes. Agradecimos y lo recibimos. Ya está. Fin de la historia». Y sí, en la narrativa sobre el sufragismo en el país se puede encontrar esa idea de que Pinilla, efectivamente, usó el voto femenino a su favor, como si el voto de las mujeres hubiese sido meramente concedido y no disputado políticamente, lo que ha tenido como consecuencia el desconocimiento del ejercicio político ejercido para lograr que las mujeres llegaran a las urnas.
A ello se debe que la película me parezca importante, pues pone una pregunta por la historia y la memoria de las mujeres en Colombia que, para el caso del sufragismo, ha sido poco desarrollada. Valdría la pena, para situar con mayor precisión y profundidad la historia de las luchas de las mujeres en el país, retomarla con mayor profundidad. Me pregunto si la forma en la que se ha transmitido la historia sobre el sufragismo ha sido predominantemente reduccionista, y si es momento de proponer una narrativa mucho más compleja e inesperada sobre la existencia de las mujeres durante sus múltiples proyectos políticos.
La película es predecible, no sólo por el conocimiento que se pueda tener sobre el hecho que busca narrar, sino por la manera cómo es contado éste. Sus personajes, de haber estado inmersos en la visceralidad de la política, más allá del foco común de la unión o el antagonismo de los hombres contra las mujeres, hubiesen revelado con mucha más imaginación un aspecto de la vida social que encontró en una misma tribuna a mujeres con posturas radicalmente distintas, consecuencia de las filiaciones partidarias que primaban en la época, de las cuales ellas hacían parte, como es el caso de Esmeralda Arboleda, del partido liberal, y Josefina Valencia, quien promulgó ideas conservadoras y apoyó a Rojas Pinilla.
La mirada sobre la política es incauta, al no mostrar las diferencias, contradicciones o carencias de un movimiento al que le ha jugado en contra el buenismo infundado, justamente, por la supuesta unión armónica de los grupos de mujeres, o al no evidenciar las crudas oposiciones y obstáculos que éstas han tenido que sobrellevar cuando se quieren dedicar a la política.
Los personajes procuran, lo expresó Patricia Castañeda en la entrevista referida líneas arriba, empatía con los personajes femeninos y, a mí modo de ver, rechazo hacia los personajes masculinos, lamentablemente representados en una de las escenas como un grupo de cerdos que consumen carne en grupo, de una manera grotesca, proyectando una comparación desgastada que ubica a los hombres en el mismo lugar de los animales. La escena descrita tiene como precedente una discusión entre las representantes de la iniciativa del voto y los hombres que debían aprobar su incorporación a la constituyente. Las afirmaciones de ellos denostaban de mujeres trabajadoras y campesinas, a quienes tachan en la escena de yeguas o analfabetas. La discusión es una de las maneras en las que la directora justifica la representación animalesca de los hombres, pero en vista de lo violentos que son los argumentos utilizados por éstos cuando nombran a las mujeres, hubiese bastado dicha escena para indicar el peligroso origen social, cultural y de clase que extendían los opositores en sus ideas sobre la población femenina y cómo aquel acto los hacía hombres y humanos de esa época.
Otro aspecto visible en la película es la intrusión del pañuelo verde durante la marcha de un grupo por las calles. Si bien es comprensible el deseo de reivindicar un símbolo como éste, y sin exigir un pretendido realismo, la anacronía pone en evidencia una incapacidad para representar la manera en la que la vida de las mujeres, en medio de sus luchas políticas, ha estado marcada por el aborto.
Quiero pensar que en la actualidad la política entre mujeres exige, más que nunca, despejar la mirada sobre los sujetos que somos, las profundas diferencias que pueden emerger de las diferencias de clase, y, entre otras, de edad. También, de lo distintas que pueden ser nuestras ideas, y cómo éstas pueden llegar a ser irreconciliables. Tomar distancia de esa conjunción armoniosa de ideas, confío, nos hará más rigurosas con el feminismo, que lo merece, y en ese sentido, con el cine que, sin decir que propone miradas neutrales, nos puede disponer ante miradas mucho más profundas sobre la realidad en la que vivimos.
REFERENCIAS
[1] Roa, Élber Gutiérrez. 24 de febrero del 2025. “Estimados señores: la película sobre los 70 años del voto femenino en Colombia”. El Espectador. 24 de noviembre del 2024. https://www.elespectador.com/entretenimiento/cine-y-tv/estimados-senores-la-pelicula-sobre-los-70-anos-del-voto-femenino-en-colombia/.
[2] Gómez, Luisa Fernanda. 11 de noviembre del 2024. “‘Es una película para sacudirnos y volver a abrir la conversación’: Patricia Castañeda, directora de Estimados Señores”. Mutante. 24 de febrero del 2025. https://mutante.org/contenidos/es-una-pelicula-para-sacudirnos-y-volver-a-abrir-la-conversacion-patricia-castaneda.
AUTOR

Diana Caro Naranjo
Magíster en Educación

Diana Caro Naranjo
Magíster en Educación