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COLOMBIA: POLÍTICA, MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y PODER CONSTITUYENTE

La Revista La Causa ha hablado con el escritor caleño, ganador del XIX Premio de Ensayo Miguel de Unamuno y corresponsal del Canal Red (España), Iván Olano Duque, sobre algunos de los problemas y preguntas que atañen al panorama político actual de Colombia. Acontecimientos como las marchas del pasado 21 de abril y primero de mayo, y la posible candidatura de la cara más visible del oligopolio mediático de los Gilinski: Viki Dávila son materia de discusión en la presente entrevista. También, las recientes polémicas en torno a la opinión pública y la libertad de expresión, además la necesaria función pedagógica y política del lenguaje en democracia. (Encuentre el vídeo al final del artículo).

COLOMBIA: POLÍTICA, MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y PODER CONSTITUYENTE

La Revista La Causa ha hablado con el escritor caleño, ganador del XIX Premio de Ensayo Miguel de Unamuno y corresponsal del Canal Red (España), Iván Olano Duque, sobre algunos de los problemas y preguntas que atañen al panorama político actual de Colombia. Acontecimientos como las marchas del pasado 21 de abril y primero de mayo, y la posible candidatura de la cara más visible del oligopolio mediático de los Gilinski: Viki Dávila son materia de discusión en la presente entrevista. También, las recientes polémicas en torno a la opinión pública y la libertad de expresión, además la necesaria función pedagógica y política del lenguaje en democracia. (Encuentre el vídeo al final del artículo).

Coyuntura-Entrevista-Iván-Olano-Duque

INTRODUCCIÓN

Cuando expresiones legítimas de la sociedad cuestionan la apariencia inamovible del orden que rige las relaciones humanas, todo lo que se ampara en lo dado reacciona con violencia, señala como imposible o neutraliza como prohibido aquello que se encuentra por fuera de la la organización hegemónica de fuerzas históricas en disputa. En 1854, mientras los excluidos de la naciente República de la Nueva Granada decían «pueblo», «nosotros somos el pueblo», en un intento por destituir un orden estatal ilegítimo que les oprimía y sojuzgaba; quienes se vieron amenazados por la irrupción de los intereses de negros libres, indios, artesanos, pobres de todos los colores, militares venidos a menos, etc., no tardaron en atacar usurpando las palabras. Los poderosos de siempre, aquellos que afirmaban lo constituído como extensión formal de su lugar de clase, nombraron a quienes participaron en los acontecimientos de 1854 como «el populacho»: ese que, según decían, no era más que el objeto de las «pasiones bastardas de la multitud desenfrenada».[1] Para éstos al pueblo lo componía el gobernante, el gran hacendado, el comerciante y el ganadero; el pueblo era la palabra que hablaba del ciudadano, del hombre sufragante, del propietario. Robadas las palabras, la gramática de la dominación se fue instalando simbólica y fácticamente, y quienes creían que la joven república colombiana seguía un orden que «conculcaba (…) todas las nociones de lo justo y de lo racional»[2] poco a poco fueron silenciados.

La fuerza robó los nombres a los vencidos y el olvido cayó sobre sus acciones, propósitos e historia. Sin embargo, como dijera Borges en El golem, «si (como afirma el griego en el Cratilo) / el nombre es arquetipo de la cosa / en las letras de “rosa” está la rosa / y todo el Nilo en la palabra “Nilo”»; en palabras como «pueblo» se condensa una realidad que, a fuerza del olvido o la memoria, puede hablar de los sin nombre a quienes se consagra la memoria histórica, o bien de quienes victoriosamente usurparon el protagonismo en el relato oficial sobre el pasado.

Señala Iván Olano Duque en la presente entrevista que existe «un término nuestro que ha sido parte de los movimientos sociales y de la izquierda, pero que ha sido proscrito de la esfera pública colombiana, y es la palabra pueblo. La palabra pueblo siempre ha sido digna de sospecha, siempre ha sido digna de desconfianza dentro de determinados sectores en Colombia. Quien mencionara al pueblo, sobre todo en las grandes esferas mediáticas y políticas, básicamente era sospechoso de un horror. Pero, precisamente, por el proceso de estos últimos años, por la pedagogía colectiva, por las movilizaciones…, la palabra pueblo ha vuelto a tener un significado de reivindicación y de grandeza, que es el que merece». Y es que la injusticia del silencio nunca se ha librado de las voces susurrantes. Las peleas del presente y las palabras que a ellas asisten llevan el peso de una historia aún no resuelta en favor de los vencedores; una historia en la que se mueven constantemente los cimientos de la estructura económica de la sociedad y el edificio jurídico y político, a los que corresponden determinadas formas de conciencia social.[3]

Allí donde se extirpa la palabra al enemigo, a ese que desde el siglo XIX ha dicho en Colombia que el Estado le pertenece, y que el único orden posible es aquél que le beneficia; allí, precisamente, «vemos las movilizaciones del primero de mayo, el estallido social, o los eventos que han sacudido recientemente al país como espacios en los que la palabra “pueblo” está en boca de todos». Aparece, según el entrevistado, «el pueblo, y es un pueblo grande, una palabra que está colmada de rebeldía y de reivindicaciones, que no es un simple comodín, sino que está cargada de toda su fuerza y su belleza, la cual nunca debería perder». Y si bien es cierto que las manifestaciones populares que amenazan al statu quo (con todo y su orden político, económico y legal vigente) sólo resultan, necesariamente, en determinadas condiciones en las que el proceso material de vida entra en crisis; también es verdad que nuevos horizontes, capaces de articular históricamente lo pasado, deben invocarse, enunciarse, llamarse a través de la discusión pública, deben defenderse políticamente desde abajo, y a través del recuerdo que se toma entre manos para traer a la memoria la «imagen del pasado capaz de responder a las necesidades del sujeto histórico en el instante del peligro».[4]

Sin más preámbulos, sea el lector libre de escuchar estas y otras reflexiones en voz de Iván Olano Duque, un escritor que ha pensado las dimensiones históricas, simbólicas y políticas no sólo del último ciclo de movilización social, sino también del momento político colombiano actual.

REFERENCIAS

[1] Venancio Ortiz, «Historia de la Revolución del 17 de abril de 1854», Bogotá, 1855, pp. 13.  Disponible en Sala patrimonial Biblioteca Eafit, Colección Librería El Carnero.

[2] Joaquín Pablo Posada, «El 17 de Abril», n.°1, Bogotá 7 de mayo de 1854, pp. 13. Disponible en Banco de la República, Biblioteca Virtual, Hemeroteca Digital Histórica.

[3] Karl Marx, Prólogo a la contribución general a la crítica d e la economía política (México: Siglo XXI Editores, 1982).

[4]  Walter Benjamin, Tesis sobre la historia y otros fragmentos (Madrid: Ítaca, 2008).

ENTREVISTA

ENTREVISTADORA

Sarah Quintero Ruiz

Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta.

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Sarah Quintero Ruiz

Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta.

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