Otelo o lado mortífero de los celos

(Un diálogo con Zuleta sobre Otelo, el moro de Venecia)

CICLO 2020

Otelo o lado mortífero de los celos
(Un diálogo con Zuleta sobre Otelo, el moro de Venecia)

OTELO. — (…) No, Yago: será menester que vea, antes de dudar; cuando dude, he de adquirir la prueba; y, adquirida que sea, no hay sino lo siguiente… : dar en el acto un adiós al amor y a los celos.
—
Shakespeare

Esta sentencia de Otelo, protagonista de la tragedia shakesperiana que lleva su nombre, hace síntesis de la génesis, tránsito y conclusión de esa sombra que sobrevino sobre su amor: los celos. Otelo, de manera sutil, va siendo envuelto por la telaraña de una sospecha: no ser ya quien habite de manera privilegiada el corazón de Désdemona; atrapado por la duda, que abraza tras mortificar sus oídos con supuestos hechos de infidelidad, asiste al espectáculo de la prueba: corrobora, desde una realidad imaginaria y cierta para él, que otro ha ocupado su lugar; enceguecido por el dolor, incapaz de hacer algo con ese saber que le susurra que no somos dueños del deseo de nadie, transmuta su amor en odio y es devorado por la venganza. ¿Por qué el celoso puede llegar a transformar en certeza la mera sospecha de que ha sido desalojado como objeto de amor y deseo? ¿Por qué nimios gestos, palabras, situaciones, en las que está inmerso su amado, hacen para él signo de ese desalojo? ¿Por qué busca corroborar esa sombra que atormenta su alma y no desvanecerla? ¿Por qué la verdad de que el lugar de amado no es absoluto puede llevarlo a apostar por una salida mortífera? ¿Qué ética del deseo es menester que enarbole ante la libertad del otro y de la posibilidad del fracaso amoroso? Valiéndonos de esa obra majestuosa que es Otelo, el moro de Venecia de Shakespeare, atenderemos, en la próxima conversación de Pensar lo humano, esa génesis, tránsito y conclusión de los celos que vivió el moro, así como a las preguntas que de esto se desprende. En esta ocasión, nos acompañará una invitada muy especial, Claudia Velásquez, psicoanalista y miembro de la Nueva Escuela Lacaniana, de Medellín.

Daniela Cardona
Directora del CEEZ

OTELO. — (…) No, Yago: será menester que vea, antes de dudar; cuando dude, he de adquirir la prueba; y, adquirida que sea, no hay sino lo siguiente… : dar en el acto un adiós al amor y a los celos.
—
Shakespeare

Esta sentencia de Otelo, protagonista de la tragedia shakesperiana que lleva su nombre, hace síntesis de la génesis, tránsito y conclusión de esa sombra que sobrevino sobre su amor: los celos. Otelo, de manera sutil, va siendo envuelto por la telaraña de una sospecha: no ser ya quien habite de manera privilegiada el corazón de Désdemona; atrapado por la duda, que abraza tras mortificar sus oídos con supuestos hechos de infidelidad, asiste al espectáculo de la prueba: corrobora, desde una realidad imaginaria y cierta para él, que otro ha ocupado su lugar; enceguecido por el dolor, incapaz de hacer algo con ese saber que le susurra que no somos dueños del deseo de nadie, transmuta su amor en odio y es devorado por la venganza. ¿Por qué el celoso puede llegar a transformar en certeza la mera sospecha de que ha sido desalojado como objeto de amor y deseo? ¿Por qué nimios gestos, palabras, situaciones, en las que está inmerso su amado, hacen para él signo de ese desalojo? ¿Por qué busca corroborar esa sombra que atormenta su alma y no desvanecerla? ¿Por qué la verdad de que el lugar de amado no es absoluto puede llevarlo a apostar por una salida mortífera? ¿Qué ética del deseo es menester que enarbole ante la libertad del otro y de la posibilidad del fracaso amoroso? Valiéndonos de esa obra majestuosa que es Otelo, el moro de Venecia de Shakespeare, atenderemos, en la próxima conversación de Pensar lo humano, esa génesis, tránsito y conclusión de los celos que vivió el moro, así como a las preguntas que de esto se desprende. En esta ocasión, nos acompañará una invitada muy especial, Claudia Velásquez, psicoanalista y miembro de la Nueva Escuela Lacaniana, de Medellín.

Daniela Cardona
Directora del CEEZ