Macbeth: una indagación sobre el poder

CICLO 2021

Macbeth: una indagación sobre el poder

En esta ocasión reflexionaremos en torno a «La tragedia de Macbeth» de Shakespeare, teniendo como eje articulador el problema del poder. Para ello exploraremos la transformación de Macbeth a partir de su relación con el poder en el desarrollo de la historia: ¿cómo se descubre ambicionando el poder y qué consecuencias trae el que le dé lugar a su ambición? ¿Cómo ejerce el poder al tenerlo como fin en sí mismo y al no representarse, paradójicamente, de manera plena en el lugar de rey? ¿Qué hace para conservarlo y cómo sus acciones dan cuenta de la fragilidad del poder que despliega? Estas y otras preguntas nos posibilitarán atender, por un lado, a la naturaleza del poder y, por el otro, a los abismos que cava cuando se torna objeto único. 

Daniela Cardona (Miembro del CEEZ)

En esta ocasión reflexionaremos en torno a «La tragedia de Macbeth» de Shakespeare, teniendo como eje articulador el problema del poder. Para ello exploraremos la transformación de Macbeth a partir de su relación con el poder en el desarrollo de la historia: ¿cómo se descubre ambicionando el poder y qué consecuencias trae el que le dé lugar a su ambición? ¿Cómo ejerce el poder al tenerlo como fin en sí mismo y al no representarse, paradójicamente, de manera plena en el lugar de rey? ¿Qué hace para conservarlo y cómo sus acciones dan cuenta de la fragilidad del poder que despliega? Estas y otras preguntas nos posibilitarán atender, por un lado, a la naturaleza del poder y, por el otro, a los abismos que cava cuando se torna objeto único. 

Daniela Cardona (Miembro del CEEZ)
Vea el vídeo de la conversación pública:

Laboratorio de creación

Lea el texto escrito por uno de las participantes del laboratorio de creación:

El poder como confirmación de la identidad y como destino a la destrucción en La tragedia de Macbeth

En La tragedia de Macbeth el tema del poder está teñido por varios asuntos que nos pueden llevar a entrever cómo este es un elemento que ayuda a configurar y confirmar la identidad en los seres humanos y a su vez cómo puede conducir a la muerte bajo cierto tipo de condiciones. Para desarrollar la idea, tendré en cuenta varios factores que a lo largo de la tragedia se presentan y se van moldeando, pasando por la traición, el deseo, la ambición, la moral (o la ley), el acceso al poder, el delirio, el cambio de la moral en función de la ambición y la destrucción final, o muerte, de Macbeth.

La traición

Como primera característica de esta tragedia, la cual anticipa el destino final de Macbeth, está el patrón de la traición: los diálogos iniciales empiezan con la acusación de traición cometida en contra de Duncan (el rey de Escocia) por la ayuda ofrecida por el barón de Cawdor (título que más adelante recibirá Macbeth) al rey de Noruega[1], lo propio ocurrirá más adelante con la traición que cometerá Macbeth con su propio rey[2] e incluso, al final de la obra, la traición volverá a aparecer en escena cuando quienes antes eran vasallos de Macbeth, ya siendo rey, abdicaron de su lealtad a nombre del que sería el legítimo heredero[3]. La traición es por tanto el primer elemento configurador del marco en el que tiene lugar La tragedia de Macbeth y que se encuentra en el ser del mismo protagonista, así sea inicialmente inconsciente, de que lucha en primera instancia en contra de una traición, luego él traicionará y, posteriormente, Macbeth será traicionado; ese vaivén de la lealtad y ese quiebre de la confianza marcará hitos y cambios en su identidad.

El deseo, la ambición y la moral

Ahora bien, esos cambios en la identidad de Macbeth no sólo irán coincidiendo con el marco general que presenté de la traición, hay otros factores que, rayando con lo fantasioso y mítico, como lo ocurrido con las premoniciones iniciales de las tres hermanas fatídicas (o las brujas como se presenta en otras traducciones), empiezan a indagar o despertar el que, quizá, es un deseo que probablemente se encuentre en el corazón de Macbeth[4]; ese presagio enunciado a los oídos de Macbeth que le dice que él será Rey de Escocia dejará un halo de duda en el protagonista que será refutado por su esposa, Lady Macbeth, quien representa la ambición (ambición que también se halla en el corazón de Macbeth en tanto que, no siendo suficiente el hecho de que se hayan cumplido los dos primeros vaticinios, espera que se cumpla el tercero, aunque este se encuentre bloqueado, por ahora, por la ley inscrita en su ser); ella será quien dé la fuerza y el arrojo para que Macbeth acceda a ese deseo (incluso Lady Macbeth jugará con la idea de lo masculino para llevar a su esposo a la acción:  «¿Qué bestia, entonces, os impulsó a revelarme este proyecto? Cuando os atrevíais a ello, entonces erais un hombre; y más que hombre seríais si a más os atrevieseis”[5], como quien dice eres menos hombre, Macbeth, si no eres capaz de acceder a esa promesa); claro, para Lady Macbeth, el presagio de las hermanas fatídicas es promesa para ella ser reina. Pero resulta que aunque ella esté resuelta, hay aún un factor que es talanquera para Macbeth y es que Duncan, a quien considera como un padre, es alguien que representa la ley o la moral, podría decirse incluso que es un buen rey, y que el afecto tanto del pueblo como de Macbeth hacia él[6] se constituye en una pequeña traba para que se cumpla su deseo de alcanzar la corona. Nuestro protagonista está entonces en ese “¿qué voy a hacer?”, pues por una parte ya sabe de su ambición y, por otra, su esposa lo empuja a actuar sin miramientos hacia un individuo que él reconoce (el rey Duncan); podríamos decir que en este punto de la obra Macbeth está ad portas de ese segundo momento de la traición (la que él cometerá): está dudando de qué lo configura a él como ser humano, está llevando su identidad a un punto de no retorno.

El acceso al poder y su débil sustento

Pero luego de la duda a Macbeth no le queda sino la elección, pues no se puede ser dos a la vez cuando se trata de elegir entre posibilidades opuestas (acceder al poder por vía de un regicidio o permanecer como vasallo del rey), dado que limitados por esta carne y temporalidad sólo es posible ejecutar una a la vez; Macbeth se decide por cometer el asesinato y deja de un lado la moral que lo limita. Este puede ejecutar el crimen gracias a que la situación es propicia para ello: los guardas del rey tienen cierto grado de embriaguez y cuenta con el arrojo que le ha entregado su esposa[7]; para ello fue necesario entonces suspender su moral para poder hacer realidad la ambición enunciada por las brujas: la promesa de ser rey, de tener poder. Sin embargo, ese poder tendrá un alto costo para él, ya que empezará a dudar de todo lo que lo rodea: la primera duda será a causa de la otra promesa que fue realizada a Banquo, su coequipero, por las tres brujas, en la que le vaticinaban que sería tronco de reyes (es decir, padre de reyes)[8]. Esta parte de fantasía de la tragedia (lo que dicen las brujas a los dos generales) juega un papel importante en la medida en que deja dudas sobre el futuro de Macbeth, es decir, aunque abre el árbol de posibilidades nada de lo dicho por las hermanas fatídicas es una certeza o algo que necesariamente pasará. Para quitar ese peligro del camino, Macbeth mandará a asesinar a Banquo y a su hijo (quien, sin embargo, logra huir) para que no haya algún vestigio de quien pueda quitarle el poder[9].

Tras el asesinato de Banquo, su espectro aparece para atormentar a un Macbeth que alucina; el espectro representará la moral que no termina de irse del ser del protagonista, que lo atormentará largamente e incluso lo llevará casi a revelar los turbios medios que ha usado para llegar al poder[10] y, aunque parece ser un rey con determinación, este se restringe a actuar rápidamente en contra de todo aquello que considera le puede quitar el poder adquirido: Macbeth teme, se siente culpable y está rayano con la locura. A quien antes circundaba la duda, ahora lo ronda la seguridad basada en el temor de perder lo adquirido, en el temor de ser descubierto, en el temor de dejar de ser eso que apenas está tocando con la punta de los dedos: un soberano que detenta un poder tomado por la fuerza.

El delirio y el cambio de moral para sustentar lo ambicionado

Macbeth cae en unas formas de delirio un tanto más profundas en las que considera que debe eliminar a todo aquel que pueda quitarle el poder, delirio que es alentado por los nuevos vaticinios que Hécate (la diosa de la hechicería), las brujas y tres espíritus le hacen[11]: todo esto contribuye a aumentar la ceguera de Macbeth, pues él sigue convencido de que las palabras de las brujas son verídicas y no logra ver más allá de esas pseudopromesas. En este punto de la obra, la obsesión de Macbeth es conservar como sea el poder, sin importar los medios a los que tenga que acudir para ello y eliminando del camino a cualquiera que se constituya en una amenaza como sucederá con la familia de Macduff (uno de los nobles leales al rey Duncan). El rey usurpador siente que cualquiera le puede traicionar, ahora su moral no es la del principio (cuando era un buen servidor del rey Duncan, antes de asesinarlo), ve lícito usar cualquier medio para poder sostener su poder, se ha vuelto un tirano y es tanto así que quienes antes incluso le respaldaban ahora buscan acabar con este rey loco y ebrio de poder[12]; Macbeth será ahora traicionado por aquellos que le eran leales y que se percataron del error cometido al apoyarlo; esa lealtad emigró hacia los verdaderos herederos del rey asesinado, Duncan.

La destrucción final, o muerte, de Macbeth

Macbeth ha pasado entonces por varios episodios: llegó a dudar de su capacidad para actuar (para asesinar al rey Duncan), luego actuó y accedió a una promesa insulsa que bailaba entre el deseo y la ambición de poder, posteriormente se vio tocado por la duda y ese vestigio de moral que lo acompañaba en donde sintió culpa por el acto cometido, pero habiendo llegado tan lejos se vio obligado a perpetuar esa práctica de asesinar para perpetuar el poder tomado por medios ilegítimos, convirtiéndose entonces en alguien que se hizo al poder no por la gracia de hacer algo por un pueblo y su gente sino por sustentar una la ambición que habitaba en su corazón. Es en esta parte final de la tragedia en donde quienes siguieron al rey usurpador vieron el total despotismo y las prácticas llevadas por ese nuevo tirano y deciden irse en contra de él[13] para restaurar ese orden que otrora era quizá mucho mejor. Acá entonces hay un juego de dos asuntos: el primero es que el sustento del poder de Macbeth va agotándose y el segundo es que el tirano sigue guardando las esperanzas en las promesas anunciadas por las brujas y los espíritus, pero estas caen una a una y finalmente Macbeth luchando por sustentar lo que tiene va perdiendo ante cada anuncio, pues no se dio cuenta que estos eran su misma condena a muerte y no consideró el doble sentido de los presagios. Macbeth tiene poder, logró llegar a él, pero no sabe para qué tiene el poder o qué hacer con él; se podría decir que aspirar al poder sin un sustento legítimo que lo acompañe, algo como una causa por la cual desear ostentarlo lo condenó, no sólo al final, a la muerte[14] sino que se fue quedando solo.

[1] William Shakespeare, «La tragedia de Macbeth», en Obras completas, editado por Luis Astrana Marín (Madrid: Aguilar, 1951), 1583.

[2] Shakespeare, “La tragedia de Macbeth”, 1594.

[3] Ibid., 1623.

[4] Ibid., 1585.

[5] Ibid., 1592.

[6] Ibid., 1587-1588.

[7] Ibid., 1594.

[8] Ibid., 1585.

[9] Ibid., 1605.

[10] Ibid., 1608-1609.

[11] Ibid., 1613-1614.

[12] Ibid., 1616.

[13] Ibid., 1623.

[14] Ibid., 1628.

Johan Alexander Jaramillo Cossio

Participante del proyecto «Pensar lo humano: Estanislao Zuleta o el saber para la vida», en su laboratorio de creación tres: «Macbeth: una indagación sobre el poder»

Ingeniero civil de la Universidad Nacional de Colombia