La sexualidad como contrato

CICLO 2022

La sexualidad como contrato

El fenómeno social de la prostitución se encuentra hoy, es innegable, en álgido debate. Las feministas, los Estados y diferentes grupos sociales toman postura, arribando, entre otras, a respuestas como el regulacionismo y el abolicionismo.  En el próximo conversatorio de Pensar lo humano, que lleva por nombre «La sexualidad como contrato», queremos sumar algunas reflexiones al respecto. Tomando entre manos la categoría de individuo social, que comprende a la sociedad y al conjunto de relaciones en ésta como constituyente, no sin fisuras, de lo que somos, queremos desplazar la mirada hacia preguntas que interpelen, precisamente, las estructuras de poder que se entrecruzan para tornar el cuerpo de la mujer en mercancía. Será, pues, foco de nuestra atención el patriarcado y el capitalismo neoliberal con el ánimo de pensar el carácter patriarcal de este último y el carácter neoliberal del primero. Nos interesará preguntarnos, en consecuencia, ¿qué es lo que habilita a los hombres a acceder al uso sexual de los cuerpos de las mujeres? ¿Por qué la prostitución devino en el corazón de la industria del sexo? ¿Y qué rol han asumido los Estados frente a este problema?

Daniela Cardona (Miembro del CEEZ)

El fenómeno social de la prostitución se encuentra hoy, es innegable, en álgido debate. Las feministas, los Estados y diferentes grupos sociales toman postura, arribando, entre otras, a respuestas como el regulacionismo y el abolicionismo.  En el próximo conversatorio de Pensar lo humano, que lleva por nombre «La sexualidad como contrato», queremos sumar algunas reflexiones al respecto. Tomando entre manos la categoría de individuo social, que comprende a la sociedad y al conjunto de relaciones en ésta como constituyente, no sin fisuras, de lo que somos, queremos desplazar la mirada hacia preguntas que interpelen, precisamente, las estructuras de poder que se entrecruzan para tornar el cuerpo de la mujer en mercancía. Será, pues, foco de nuestra atención el patriarcado y el capitalismo neoliberal con el ánimo de pensar el carácter patriarcal de este último y el carácter neoliberal del primero. Nos interesará preguntarnos, en consecuencia, ¿qué es lo que habilita a los hombres a acceder al uso sexual de los cuerpos de las mujeres? ¿Por qué la prostitución devino en el corazón de la industria del sexo? ¿Y qué rol han asumido los Estados frente a este problema?

Daniela Cardona
Miembro del CEEZ
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Apuntes sobre el fenómeno social de la prostitución

El fenómeno social de la prostitución se encuentra hoy —es innegable— en álgido debate. Los Estados, las feministas, las sociedades arriban a posturas que se contraponen en términos ideológicos y políticos. ¿Cómo pensar esta disputa? Una forma de hacerlo es encarando la pregunta que en nuestro tiempo pareciera olvidarse debido a la negación que hacen ciertas feministas de la persistencia de la subordinación de las mujeres en lo que ellas llaman comercio sexual. La pregunta a la que me refiero es: ¿qué es lo que habilita a los hombres a acceder al uso sexual de los cuerpos de las mujeres?  Los habilita su lugar de dominio dentro del sistema sexo/género. El patriarcado en la medida en que degrada socialmente a las mujeres restringiendo sus cuerpos a ser úteros para la reproducción de la vida o a ser carne, sexualizada e hipersexualizada, para la seducción y el placer de los hombres, produce para éstos el derecho a extraer beneficios de esos úteros o de esos cuerpos sexualizados e hipersexualizados. La desigualdad entre los géneros se erige, pues, sobre la objetualización del cuerpo de las mujeres y el cercenamiento en éstas de su condición de sujetos; éstas, atrapadas en los mandatos patriarcales de la reproducción y la seducción, pierden poder en tanto pierden la posibilidad de configurar su identidad en los espacios conquistados por el trabajo, la cultura y la política.En los siglos XVIII y XIX, por ejemplo, la posición subalterna de las mujeres en el contrato matrimonial les posibilitó a los hombres y al sistema capitalista extraer beneficios de la reproducción de la vida mediante los cuidados sin paga o la concepción de humanos que se convertirían en fuerza de trabajo. Del contrato matrimonial hoy aún los hombres y el sistema siguen extrayendo este provecho, sin embargo, los derechos sociales y políticos que han ganado las mujeres en Occidente han tensionado las relaciones de poder en el ámbito privado, al cual ya muchas renuncian en tanto se niegan a ser esposas y madres. El contrato matrimonial ha entrado en crisis y, por tanto, el poder de los hombres en éste. 

Pero la subalternidad de las mujeres sobrevive en paralelo a la igualdad formal que entre los géneros se desarrolla en las democracias liberales, y un fenómeno en el que ello se hace evidente es el de la prostitución. El poder de los hombres, minado en el contrato matrimonial, se reafirma y se sofistica en la forma que el contrato prostitucional cobra en el neoliberalismo. Pero demos un rodeo para encontrar mayores elementos explicativos frente a esto último. Rosa Cobo, feminista española, nos recuerda que entre los años 80 y 90 ante los importantes procesos de autonomía que experimentaron las mujeres en los años 60 y 70 gracias al feminismo radical, el patriarcado reacciona resexualizando a las mujeres: se exalta nuevamente la maternidad y se pone en el centro la sexualización y seducción de los cuerpos femeninos. La sexualización e hipersexualización contemporánea de las mujeres —que tiene expresión en las exigencias del canon de belleza y sus respuestas en las industrias de la cirugía plástica, la moda y la cosmética; en las nuevas tecnologías de la reproducción; y en la industria del sexo— se convierten en la nueva forma de extracción de dominación por parte de los hombres. Esta reedición de la desigualdad sexual se reproduce uniéndose de manera sofisticada, para escapar a la crítica, con la ideología de la libre elección, propia del neoliberalismo, que desgaja las relaciones entre hombres y mujeres de las determinaciones que sobre éstas realizan las estructuras de poder patriarcal y capitalista. Se nos dice bajo esta ideología: «Las mujeres eligen de manera libre someterse a las presiones de la belleza estandarizada; eligen de manera libre vender sus cuerpos para la reproducción de bebés que quedarán en manos de otros o para su uso sexual por parte de los hombres». Algunas posturas feministas que toman la prostitución como trabajo sexual, precisamente, se amparan en esa supuesta libre elección, en una supuesta igualdad que habilitaría el contrato sexual entre hombres y mujeres, olvidando que «elegir» ser objeto sexual, dentro de un contrato que se da en el seno de la estructura patriarcal, de inmediato convierte la libertad en sujeción. Se les olvida que para hablar de libertad es menester hablar de igualdad en términos radicales. Si se indica que hay libre elección y no determinación, se eliminan las posibilidades de ejercer una crítica radical a las mencionadas estructuras de poder. Pero esa sobreposición de la libre elección por encima de las determinaciones no es meramente un velamiento de la realidad, como se podría entender desde un concepto clásico de la ideología, sino producción de subjetividades que consienten con las formas de vida que produce tales poderes. 

La reacción patriarcal señalada arriba se entrelazó con el neoliberalismo para la producción de la industria global del sexo, para la reedición del derecho patriarcal de los hombres de acceder al uso sexual de los cuerpos de las mujeres. «Al capitalismo le interesan los procesos crecientes de mercantilización, incluidos los cuerpos, y al patriarcado le interesa que esa mercancía tenga un cuerpo de mujer»1. El neoliberalismo, en su ánimo de mercantilizarlo todo y en su efectiva mercantilización de los derechos sociales, ha profundizado las desigualdades. Una de las expresiones en la actualidad de la profundización de la desigualdad de clases es la expulsión de los más pobres de los países periféricos o del Sur global. La exclusión económica se conecta con la expulsión. Y en el caso de las mujeres, quienes padecen la feminización de la pobreza, la expulsión puede encontrar como respuesta la prostitución o la trata con fines de explotación sexual. El neoliberalismo patriarcal expande los mercados lícitos e ilícitos sobre los cuerpos de las mujeres: burdeles, venta de drogas y empresas de bebidas alcohólicas, por situar un ejemplo, se entrelazan alrededor de la mercantilización de cuerpos de mujeres para acumular ganancias. El capital se acrecienta en el aprovechamiento que hace de la subordinación de las mujeres producida por el patriarcado y de su coerción económica producida por el capitalismo; el derecho patriarcal de los hombres de acceder al uso sexual de los cuerpos de las mujeres se reedita en ese entramado. Pero no sólo en ese entramado material económico y de género, sino en la materialidad cultural y discursiva que borra las relaciones de poder dimanadas de ambas estructuras y que pone en el centro la libre elección y el supuesto empoderamiento de las mujeres en la industria del sexo: «libre elección y empoderamiento» en relaciones de subordinación y coerción.

[1]  Rosa Cobo, La prostitución en el corazón del capitalismo (Madrid: Catarata, 2017), 10.

Daniela Cardona

Miembro del Centro de Estudios Estanislao Zuleta